
Por Nut. Daniela Faúndez
En los últimos años, la ciencia ha comenzado a confirmar una verdad que muchas mujeres experimentamos de forma intuitiva: nuestro intestino, nuestras emociones y nuestro estado mental están profundamente conectados. Esta conexión tiene un nombre: eje microbiota–intestino–cerebro, una red compleja de comunicación entre el sistema nervioso, el sistema digestivo y la microbiota intestinal.
Este eje no es un concepto abstracto: tiene base fisiológica y ha sido estudiado ampliamente en el campo de la neurogastroenterología y la psiconeuroinmunología. Se trata de un sistema bidireccional en el que intervienen distintos canales de comunicación: el sistema nervioso autónomo (especialmente el nervio vago), el sistema inmunológico, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y la producción de metabolitos y neurotransmisores intestinales.
Tal como explican Cryan y Dinan (2012), la microbiota intestinal puede modular funciones cerebrales como el estado de ánimo, la ansiedad, la memoria y la percepción del dolor. Esto ocurre a través de la producción de moléculas como serotonina, dopamina, GABA y SCFA (ácidos grasos de cadena corta), que actúan como mensajeros entre el intestino y el cerebro.
Por otro lado, el sistema nervioso central también puede influir en la composición de la microbiota y en la motilidad intestinal. En estados de estrés crónico, se ha observado un aumento de la permeabilidad intestinal, procesos inflamatorios de bajo grado y alteraciones microbianas. Estos cambios han sido relacionados con la aparición y persistencia de síntomas en trastornos gastrointestinales funcionales como el síndrome del intestino irritable (SII), según Vanner et al. (2016).
Este conocimiento tiene implicancias directas en la forma en que acompañamos el malestar digestivo, el dolor abdominal funcional o las alteraciones del ánimo. Desde Centro MAR, entendemos que trabajar solo desde lo nutricional o solo desde lo psicológico deja afuera una parte fundamental de la experiencia del malestar. Nuestro enfoque integrador nos permite acompañar procesos digestivos y emocionales con mayor profundidad, considerando tanto los factores fisiológicos como los emocionales, vinculares y contextuales.
Sabemos que muchas mujeres llegan a consulta sintiéndose desconectadas de su cuerpo, con síntomas persistentes que no encuentran explicación médica clara. En esos casos, abordar el eje microbiota–intestino–cerebro puede ofrecer no solo alivio sintomático, sino una comprensión más compasiva y científica de lo que está ocurriendo en su organismo.
Recuperar el equilibrio de este eje no significa eliminar los síntomas de inmediato, sino permitir que el cuerpo active sus propias capacidades de regulación. Lo hacemos a través de intervenciones nutricionales basadas en evidencia, terapia psicológica orientada al cuerpo y prácticas de reconexión somática.
En Centro MAR, integramos esta perspectiva para acompañarte en procesos digestivos y emocionales complejos, desde una mirada interdisciplinaria y compasiva.
Reserva tu sesión con nuestro equipo interdisciplinario y comencemos juntas el camino hacia tu equilibrio cuerpo–mente.
